Cuando Miroslav Klose anotó el segundo gol de Alemania frente a Turquía no pude evitar pensar cómo un mal portero puede hipotecar los sueños de un club o de una selección en un torneo. En el caso de Rüstü no es ni la primera vez y, afortunadamente, será una de las últimas por su edad. Ya se la jugó a su selección en las semifinales del Mundial 2002 al meter una mano blanda a un disparo muy parable de Ronaldo. Y en los cuartos de esta Eurocopa amenazó con inmolar a Turquía frente a Croacia con un paseo absurdo por la línea de fondo del cual se arrepintió a mitad de camino regalando el gol a Klasnic. Ayer, una vez más, se superó. No solo salió tarde y sin necesidad a por el balón. La cuestión es que ni siquiera iba bien encaminado a por la pelota. Klose le gana el balón por ir más arriba y por rematarlo dos metros antes de donde iba Rüstü, algo inexplicable de verdad. Algo parecido hizo Ricardo, otro que tal baila, con Portugal una ronda antes y en una jugada similar frente al mismo rival.
Este tipo de porteros condiciona tanto a sus equipos que me resulta verosímil pensar que sus propios compañeros asumen antes del partido que van a tener que marcar más de un gol para ganar. Lo mismo le pasa a Alemania con Jens Lehmann. Es incomprensible ver cómo un portero de 38 años, que nunca ha sido un buen portero y que además no ha jugado nada en el Arsenal esta temporada va a completar toda la Eurocopa como titular. No da seguridad, no bloca balones y para colmo es torpe, como demostró ayer en los dos goles de Turquía. Cierto es que su suplente, Robert Enke, ofrece aún menos garantías que él pero podía haberle costado la semifinal a Alemania si no llega a ser porque enfrente tenía un guardameta peor.
Algo parecido ocurre todos los años a nivel de clubes. Estos días está de actualidad en Inglaterra el interés del Tottenham en Gomes, portero del PSV Eindhoven. Una vez más, no me lo explico. Juande Ramos quiere armar un equipo potente para entrar en Champions. Parece que por fin se puede librar del fallón Paul Robinson y lo quiere suplir con otro igual de fallón. Vasto, torpe, lento, Gomes detuvo un penalti que eliminó a los de Ramos en la UEFA y eso ha sido definitivo para decantarse por él. Si se consuma el traspaso, podría cerrarse en ¡10 millones de libras! Increíble. Caso parecido fue el de otro brasileño, Dida. Le paró unos penaltis al Real Madrid en el Mundialito de Clubes y eso le valió el salto al Milan. A partir de ahí, alternó un par de años buenos con otros tantos malos. Así podríamos nombrar decenas pero sería letal para nuestros nervios.
El mercado está repleto de buenos porteros o, al menos, porteros sobrios y seguros. No hay muchos Casillas pero tampoco son imprescindibles para ganar títulos. Lo mínimo que se le puede pedir a un portero es que no te destroce una temporada. En esta misma Eurocopa hay varios y buenos que están por debajo del precio de Gomes y muy por encima de su nivel. Akinfeev, Malafeev, Palop, Isaksson…
Si no recuerdo mal fue el gran Di Stefano el que dijo con su ironía habitual a uno de sus porteros cuando era entrenador: “No le pido que pare las pelotas que van dentro, pero no meta las que van fuera”.




