03
Jul
08

Dictaduras olímpicas

El 8 de agosto comienzan los Juegos Olímpicos de Beijing. Unos juegos en los que 205 países y territorios estarán representados. Muchos de ellos, por desgracia, actualmente están atravesando conflictos políticos graves que impiden el desarrollo de una democracia plena en su territorio. ¿Debería el Comité Olímpico Internacional tener en cuenta la actualidad de los conflictos a la hora de permitir la participación de los países? ¿Se debería producir otro boicot como el de Moscú 80?

Esta reflexión comienza a partir del mismo país organizador, China. Son mundialmente conocidas las vulneraciones de derechos humanos que se realizan en el país asiático: no hay libertad de prensa, perduran los campos de trabajo forzados, la situación del Tibet… Sin embargo, el COI no dudó un instante a la hora de concederle la organización de los Juegos. China es un país emergente con un claro potencial económico de presente y futuro y el COI no quiso enfadar al gigante. Lo mismo hizo cuando escogió a Atlanta por el poder de los patrocinadores o a Barcelona por el capricho de fin de mandato del ex Presidente del COI Juan Antonio Samaranch. Otro tema aparte sería el de la compra de votos olímpicos, más aún a raíz de las declaraciones del ex alcalde de Londres, Ken Livingstone, afirmando que su estrategia para conseguir votos fue pasarse toda la noche bebiendo con los delegados olímpicos.

¿Se debería prohibir la posibilidad de organización y la participación a países con regímenes dictatoriales? Me viene a la mente el caso de Zimbabue. Tras la vergonzosa autoproclamación de Robert Mugabe como presidente, su país no solo participará en Beijing sino que cuenta con el apoyo absoluto de China, su mayor aliado político ante los críticos y su principal suministrador de armamento. No se debe mezclar deporte y política pero la intrusión de la política internacional en los JJ.OO a lo largo de la historia ha sido evidente.

Algunos políticos como Gordon Brown ya han anunciado su decisión de no acudir a la ceremonia de inauguración de los Juegos. Quizás sea imposible vetar la participación de los países incumplidores de los derechos humanos ya que probablemente no habría Juegos y los deportistas no son culpables de la vileza de sus dirigentes pero por lo menos es exigible que no se dé pabulo a los dictadores y genocidas y se condene abiertamente su comportamiento.


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