Decía un ciclista que el Tour es imposible ganarlo solo a base de pasta y arroz. Parte de razón no le falta porque a eso hay que añadirle una cantidad infinita de talento y sino que le pregunten a Alberto Contador. Suspicacias aparte la dieta de un ciclista para correr una gran vuelta como el Tour de Francia requiere de unas cantidades y una constancia casi sobrehumanas.
Pongamos un día cualquiera de etapa como ejemplo. La mañana comienza con un desayuno una hora y media dos horas antes de la carrera. Ese desayuno está compuesto por pan, cereales, mermelada, zumo y demás hidratos de carbono, parte fundamental en la dieta de un corredor. La base del desayuno es vital porque abastece al ciclista durante horas y evita pájaras indeseadas.
El segundo gran momento y el más complicado llega durante la etapa. A lo largo de una jornada cualquiera del Tour de Francia un ciclista puede llegar a ingerir hasta 6000 kilocalorías, casi tres veces más de lo que necesita una persona normal para su actividad diaria. En etapas de montaña la ingesta puede alcanzar las 8000 kilocalorías. Durante la etapa los ciclistas consumen barritas energéticas, fruta, dulces, agua con sales y hasta dos litros de agua por hora cuando se puede, ya que además tienen que prestar atención a lo que está sucediendo en carrera.
Una vez terminada la jornada lo normal es que el corredor haya perdido entre dos y cuatro kilos que hay que intentar recuperar a base de líquidos y una vez más hidratos de carbono. Los hidratos componen el 70% de la dieta de un corredor. El 30% restante lo completan las grasas en forma de bollería y las proteínas, logradas a base de pescado y carne.
Nada más llegar al hotel una nueva ingesta. Esta vez toca alimentos con un índice glucémico alto que ayudan a una rápida recuperación física. Hacer que un deportista ingiera 7000-8000 kilocalorías en 24 horas con una etapa de 200 kilómetros de por medio no es nada sencillo por lo que el ciclista está constantemente alimentándose.
Antes de acostarse, alrededor de las ocho y media de la tarde llega la cena. En la enésima comida del corredor vuelve su plato estrella, la pasta. La cuestión es consumir hidratos de carbono que ayudan a la recuperación y tardan más tiempo en ser absorbidos.
Este tipo de dietas unidas al duro entrenamiento diario y a distancias sobrehumanas que conforman las etapas, hacen del ciclismo uno de los deportes más duros del planeta y a sus corredores verdaderos héroes sobre ruedas.




