Hasta ahora las medidas adoptadas por los dirigentes chinos para la organización de los Juegos Olímpicos podían calificarse de extravagantes, como aquella de enseñar a sus ciudadanos a no escupir en lugares públicos. Sin embargo el tema se pone serio cuando las iniciativas dejan de lado la extravagancia y entran en el ámbito de la degradación humana, el racismo y la xenofobia.
El gobierno chino podría haber conminado a los bares anexos a la villa olímpica a no servir consumiciones a negros y mongoles. La noticia la publicó el ‘South China Morning Post’ y, aunque no hay confirmación oficial ni la habrá, el diario cita las declaraciones del propietario de uno de los locales. Éste afirma que varios representantes del Departamento de Seguridad Pública del estado se plantaron en su bar y le obligaron a firmar un documento en el que se comprometía a no servir ni a negros ni a mongoles, dos colectivos mal vistos en la sociedad china. En el país oriental la raza mongola está asociada al negocio de la prostitución y los negros al tráfico de drogas.
Esta medida, digna de las dictaduras más repugnantes, es una consecuencia más del confuso concepto de correcta organización que tiene China, similar al desviado concepto de democracia del gobierno de Hu Jintao. China pretende resolver todos sus problemas de manera precipitada y exagerada y solucionar en unos pocos meses deficiencias enquistadas desde hace años. Si hay polución, cierran fábricas y hacen desaparecer los coches de las carreteras. Si hay delincuencia, se crucifica a todos los negros y mongoles. China mata moscas a cañonazos para tapar la evidencia de que no es un país preparado ni social ni políticamente para acoger los Juegos ante la complacencia mercantilista del COI.





