“Es un gigante de circo con cadena al cuello que sacan a pasear. Es una atracción, no un boxeador”. Así describe el púgil argentino Marcelo Domínguez a Nikolay Valuev, actual campeón del mundo de los pesos pesados. Domínguez, como muchos otros antes, fue derrotado por ‘La bestia del este’, tal y como es conocido el gigante ruso de 2.13 y 150 kilos de peso. Sus palabras llenas de rabia e impotencia son comprensibles para quien haya visto boxear a Valuev. Extremadamente lento de movimientos, recibe el doble de impactos de los que logra en el rival. Sin embargo su tremenda pegada amartilla a sus rivales mientras él ni se inmuta por los golpes que recibe, como un ariete que golpea un muro hasta que inexorablemente lo derriba.
Su aspecto tosco de gigante de fábula no va en consonancia con su pasión por la lectura. Valuev es un amante de Tolstoi, Agatha Christie o Arthur Conan Doyle y en sus ratos libre sorprende conocer, como si le ayudase a suavizar su aspecto, que el boxeador ruso escribe poesía.
La historia de Nikolay Valuev comienza en Leningrado, hoy San Petersburgo, el 21 de agosto de 1973. En plena guerra fría, Valuev creció en el seno de la típica familia obrera soviética. Su padre Sergei reparaba radios mientras que su madre, Nadehzda, ayudaba en lo que podía a la difícil economía doméstica.
Lo curioso de sus padres es que ninguno de ellos es especialmente alto. Para encontrar la clave de la inmensidad corporal de Valuev es necesario remontarse muchas generaciones atrás. ‘La Bestia del Este’ es descenciente directo de un gigante tártaro, raza que conquistó Europa allá por el siglo XIII. Hoy en día son millones los herederos de esta estirpe mongola y se ubican principalmente en el sur de Rusia.
Con sólo 12 años ya despuntaba considerablemente entre el resto de los niños e ingreso en una escuela especializada en deportes. Sus inicios fueron como jugador de baloncesto, más tarde los intereses soviéticos le llevaron a probar con el lanzamiento de martillo y el disco, con el que se proclamó campeón junior a los 19 años. Entonces se cruzó en su carrera el entrenador de boxeo Oleg Shalaev, quien logró que Valuev se enamorase de los rings y se dedicase a ello en cuerpo y alma.
Ahora, con 35 años, amenaza con batir el récord de 49 victorias consecutivas que ostenta Rocky Marciano desde 1955. Sus enemigos acérrimos cuentan que ninguno de sus rivales hasta ahora puede considerarse de calidad suficiente. Aseguran que de enfrentarse a un Lennox Lewis o a un Tyson, Valuev besaría la lona en pocos asaltos. Razón no les falta, seguramente muchos boxeadores sean mucho mejores que el ruso, pero ante un gigante de 2.13 y 150 kilos no basta.




