Archivos para la Categoría 'Juegos Olímpicos'

26
Ago
08

Tanto fue el cántaro a la fuente, Amat

Recién llegado de unas cortas vacaciones y, aunque hayan pasado varios días desde el incidente, no quería dejar de comentar la desagradable situación vivida entre el periodista de TVE Amat Carceller y el atleta español Manolo Olmedo. Lo primero de todo mostrar mi admiración hacia Amat Carceller, que me parece un excelente periodista que sabe escudriñar las competiciones para realizar verdaderas entrevistas en profundidad aunque solo tenga un par de minutos para ello.

Pero tanto fue el cántaro a la fuente que tenía que romperse. Todos los asiduos al atletismo hemos apreciado que a Amat a menudo le fallan las formas, siendo un poco más preciso le falla la sensibilidad. A un atleta que acaba de cruzar la meta, que aún le cuesta respirar y hace el esfuerzo de acercarse al micrófono del periodista para atenderle no se le puede asaltar con palabras como fracaso, decepción, error. Son muchas horas, muchos días, muchos años entrenando para una carrera y los atletas no tienen porqué sorportar la impertinencia de las preguntas del periodista que tranquilamente observa la carrera desde la poltrona y encima osa poner en duda su esfuerzo y compromiso.

Sin embargo, más desagradable aún me parecieron las apreciaciones del locutor principal argumentando que “si no acepta las críticas que no compita”. ¿Cómo?, ¿perdón? ¿Quién es un locutor para otorgar o quitar la capacidad de competir al más alto nivel a un atleta en función de las críticas que los periodistas deseen vertir sobre él? Si hay algún convidado de piedra en todo este asunto ése es el propio periodista, no el atleta. Que nadie olvide, y lo digo desde el respeto y la admiración a la cobertura de TVE, que los privilegiados por entrevistar a un atleta son los periodistas, no al contrario, y que su labor es la de informar y no juzgar ni criticar, que para eso ya están sus entrenadores.

19
Ago
08

¿Respeto o discriminación?

Roqaya Al-Gassra, atleta de Bahrein

Roqaya Al-Gassra, atleta de Bahrein

16
Ago
08

Hay récord, hay liebre

Cada vez que las grandes pruebas del atletismo entran en acción, irrumpe en la pista una figura muy popular, que se acepta por defecto y cuya presencia no extraña a pesar de su enorme paradoja. Son las conocidas como liebres. Este personaje aparece normalmente en las pruebas de fondo, pone el ritmo que más interesa al favorito y cuando llega el momento culminante es cuando termina su trabajo, se aparta y los grandes nombres pelean por subir al podio.

Se sabe muy poco de estos animadores de pruebas pero lo poco que se conoce es realmente llamativo. La prueba reina para las liebres es el maratón, allí es donde su figura cobra mayor sentido. La primera característica es que las liebres, a menudo, no ejercen por amor al arte. Cuentan los expertos que el trabajo de una liebre en una competición importante puede ser recompensado hasta con 10.000 euros. Una cantidad que, en la mayoría de los casos, duplica o incluso triplica el premio que obtendrían en caso de competir como un atleta normal. Por supuesto, si fallan en su misión y el favorito no realiza el tiempo que de él se esperaba, la liebre no ve un euro o se le descuenta una importante cantidad del dinero pactado.

Otro aspecto llamativo de estas figura tan deshumanizada del deporte es la preparación. Las liebres deben preparar la carrera como si la fuesen a terminar, incluso como si la fuesen a ganar (se han dado casos de liebres que decidieron seguir adelante y ganar la carrera). En su mayoría son corredores que carecen de talento para ser campeones pero con suficiente fuerza como para avivar una carrera. De hecho, éste es el primer y último fin con el que nacieron. Sus orígenes se remontan a la década de los 80 cuando se planteó la posibilidad de aumentar la espectacularidad del atletismo a base de grandes marcas.

Hoy en día son una figura asentada  y polémica en los mítines de atletismo. Por un lado, su trabajo nos ha permitido disfrutar de grandes récords. Por otro, no deja de ser gente a la que se le paga por desnaturalizar una carrera, unos mercenarios del atletismo. Una vez más la figura del dinero es la que marca la diferencia entre el bien y el mal.

14
Ago
08

Gracias Galeano por amar el deporte

La literatura deportiva a menudo está llena de libros vacíos, de palabras amontonadas que no dicen nada. Afortunadamente, hay escritores como Eduardo Galeano que aman el deporte y de vez en cuando deciden derrochar todo su talento en textos deportivos. Este texto es un extracto de su última publicación ‘Espejos’. Si disfrutáis con estas líneas os recomiendo, si no lo habéis leído ya, el libro “Fútbol a sol y sombra” del mismo autor. Una forma diferente de ver el fútbol que nunca olvidaréis.

Olimpiadas por Eduardo Galeano

A los griegos les encantaba matarse entre sí, pero además de la guerra practicaban otros deportes.

Competían en la ciudad de Olimpia, mientras las olimpiadas ocurrían, los griegos olvidaban la guerra por un rato.

Todos desnudos: los corredores, los atletas que arrojaban la jabalina y el disco, los que saltaban, boxeaban, luchaban, galopaban o competían cantando. Ninguno llevaba zapatillas de marca, ni camisetas de moda, ni nada que no fuera la propia piel brillosa de ungüentos.

Los campeones no recibían medallas. Ganaban una corona de laurel, unas cuantas tinajas de aceite de oliva, el derecho a comer gratis durante toda la vida y el respeto y la admiración de sus vecinos.

El primer campeón, un tal Korebus, se ganaba la vida trabajando de cocinero, y a eso siguió dedicándose. En la olimpiada inaugural, él corrió más que todos sus rivales y más que los temibles vientos del norte.

Las olimpiadas eran ceremonias de identidad compartida. Haciendo deporte, esos cuerpos decían, sin palabras: Nos odiamos, nos peleamos, pero todos somos griegos. Y así fue durante mil años, hasta que el cristianismo triunfante prohibió estas paganas desnudeces que ofendían al Señor.

En las olimpiadas griegas nunca participaron las mujeres, los esclavos ni los extranjeros.

En la democracia griega, tampoco.

13
Ago
08

El método Hendriks

Maurits HendriksSiempre oculto tras sus pequeñas y elegantes gafas, cuidada perilla y ataviado con impecables trajes que le otorgan un aire entre mentalista y escritor de novelas de autoayuda, Maurits G. Hendriks busca el oro olímpico en su sexto año como seleccionador nacional de hockey hierba, séptimo en la Federación Española de Hockey, a la que llegó como Director deportivo. Siete años en los que el trabajo ha dado sus frutos y ha consolidado al hockey español como uno de los mejores el mundo. En este tiempo el técnico holandés ha quedado enamorado por la calidad de los jugadores españoles, algo sorprendente si se tiene en cuenta las escasez de jugadores federados en España.

Desde que llegó, Hendriks ha dejado patente su fuerte personalidad y sus particulares métodos de trabajo, pero quizá ha sido ante la cita olímpica de Beijing, su gran objetivo tras el decepcionante cuarto puesto de Atenas, cuando ha agudizado su ingenio. Pocos días antes de los Juegos separó a sus jugadores por puestos y les retó a ascender una montaña del pirineo andorrano. El objetivo de esta prueba era fortalecer la mente y la convivencia para así afrontar con garantías la dureza de los Juegos.

Además, Hendriks y su staff técnico, el mismo con el que fue campeón olímpico con Holanda, lograron que el Consejo Superior de Deportes invirtiera más de un millón de euros en construir una réplica del césped sintético en el que se disputa estos días la competición. Representantes de la federación española visitaron las instalaciones olímpicas meses antes del inicio y observaron que la calidad del césped de hockey hierba era pésima, un modelo en el que la pelota bota demasiado y su control se hace complicado para un deporte tan técnico, por lo que decidieron que la mejor forma de entrenarse y ganar terreno a los rivales era levantar una pista a imagen y semejanza de la china.

Maurits G. Hendriks nació el día de Año Nuevo de hace 47 años en Amsterdam, Holanda. Su currículo está plagado de éxitos desde su comienzo como entrenador allá por 1992, cuando fue contratado por el club de su ciudad natal y lo convirtió en doble campeón nacional. Sin embargo, el mayor logro de su palmarés llegó en Juegos de Sidney 2000, cuando llevó a la selección holandesa a la medalla de oro. Con España su mejor recuerdo fue la victoria en el Campeonato de Europa de 2005 y el bronce en el Campeonato del Mundo de Monchengladbach dos años después. Ahora busca el oro en Pekín para coronar el duro trabajo de más de siete años y llevar a un país como España, que él mismo ha calificado de “pequeño milagro” por la escasez de jugadores, al oro olímpico que desde hace tiempo merece y persigue.




 

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Fotos de los campeones

La fiesta de los héroes I

La fiesta de los héroes II

La fiesta de los héroes III

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