Rafa Nadal ya es virtual número uno. Pase lo que pase en Cincinnati y en los Juegos Olímpicos el manacorí entrará en los anales de la historia del tenis confirmando algo que muchos ya sentían: que aunque Roger Federer fuese el verdadero número uno, Nadal ya lo era en el corazón de la mayoría de aficionados.
Sin desmerecer el intachable historial del suizo, hacía muchos años que el tenis merecía un líder ATP que no fuese un martillo pilón. Las dictaduras de Sampras y, más tarde, de Federer dejaron por momentos la sensación de que el tenis moderno estaba hecho para máquinas, para tenistas espigados con un saque demoledor y una derecha de cirujano que apenas daban oportunidades al rival. Casi algo parecido a lo que sucedía en el fútbol hasta que este verano irrumpió la selección española desmontando mitos y llenando de aire fresco al viciado deporte rey. Rafa Nadal es la victoria del tenis épico, del tenis de raza y golpes imposibles, del tenis que engancha como en su día lo hicieron los McEnroe, Agassi o Chang. Nadal no tiene un gran saque ni un gran resto, ni siquiera tiene la mejor derecha ni revés pero tiene algo que nadie más posee, fe.
A Federer le ha sucedido lo que le sucede a todas las máquinas, que se oxidan. Su juego está lleno de precisión y perfección, ni un movimiento de más, ni un golpeo forzado. Cuando las cosas iban bien dadas era imparable pero Nadal le ha arrebatado el número uno a medida que poco a poco le ha ido robando torneos. Le ha medrado psicológicamente hasta desquiciarlo y ahora es difícil que el suizo, mentalmente muy frágil, salga de este bache.
No se puede exigir a Nadal, ni sería justo, un reinado como el de Federer. Primero porque por detrás vienen pujando muy fuerte el mismo suizo o Novak Djokovic y segundo porque Nadal no es una máquina. Esté en el número uno o no, seguirá con su juego de emociones, de llevar al espectador al borde del precipicio y a cualquier rival a pensar que le puede ganar, pero ninguno lo consigue. La grandeza de Nadal está en que es el número uno emocional de la gente, el número uno físico es secundario.





